“La empresa no está preparada para el día a día, no somos competitivos. Pero si sucede algo especial, somos los mejores para darlo a conocer”. He oido esta reflexión en una televisión que se posicionaba como líder del mercado, sin saber muy bien que hacer. ¿Era mejor ser los mejores cuando pasa algo fuera de lo normal o, por el contrario, debíamos ser más regulares en el trabajo diario, dejando que otros se luciesen cuando todo el mundo estaba pendiente de un tema?
Los especiales son uno de los contenidos que mayor atracción causa entre el público. Muchas veces cuando tienen el apellido de “informativos o de investigación” se les quiere dar un mayor rigor y objetividad del que realmente tendrían si sólo se les reconociese por su nombre. No importa el tamaño de las cadenas y todas utilizan sus parrillas de programación para incluir desde “especiales de carnaval” hasta los que veremos estos días como “especiales” que giren en torno a la figura del Duque de Palma, Iñaki Urdangarín.
En España, la influencia de estos especiales entre la audiencia es cada vez mayor, desde la irrupción de las grandes cadenas generalistas. Si están bien planteados generan una gran expectación entre el público, pero si son reiterativos (especiales “diarios” en busca de fidelización de audiencia) consiguen justo lo contrario.
Los acontecimientos previstos
Las cadenas comerciales han permitido que sean las empresas públicas quienes hayan producido y generado la señal de acontecimientos sociales previstos con antelación, desde actos políticos (tomas de posesión), religiosos (bodas, entierros), oficiales (visitas del Papa, de Jefes de Estado), deportivos (celebración de títulos), musicales (reaparición de grandes figuras), utilizando la señal “pull” para todos aquellos que desean ofrecer el evento en cuestión, ya sea en directo o en diferido.
¿Qué recuerdo generan los programas especiales en los telespectadores?¿Quién recuerda en que cadena se emitió la boda de Lady Di?¿El paseo por Madrid de la selección española, campeona del Mundial de Fútbol en 2010?
La falta de planificación provoca que muchas veces el resultado sea poco valorado por el espectador, como en el reciente entierro de Manuel Fraga, o por el contrario arrase con las audiencias, como los típicos y tópicos especiales de Navidad: Nochebuena, Fin de Año, Reyes, con conciertos, entrevistas y mucho humor.
Los sucesos imprevistos
En estos casos, las cadenas comerciales se tiran a la piscina buscando la rentabilidad comercial de la audiencia. Precisamencte uno de esos especiales marca el comienzo en 1993 de la telebasura en España, un especial en Antena 3 sobre la muerte de tres jóvenes en la localidad valenciana de Alcasser. Suelen coincidir con hechos macabros y escabrosos, o con sus aniversarios como la desaparición de Marta del Castillo en Sevilla o el más reciente caso de los niños desaparecidos de Córdoba.
No son tan recordados los especiales relacionados con eventos deportivos, como los emitidos con el último Mundial de Fútbol de Sudáfrica 2010 (éxitos y triunfos deportivos, fiestas populares,…). En cualquier caso, el espectáculo en estos sucesos prima más que los datos informativos.
Los especiales en televisión deberían tener su propia estructura, fuera de los llamados informativos habituales, tradicionales, pautados y reglados en tiempo, contenido y forma. Tampoco son programas al uso, ya que cada especial en si mismo es distinto, por dónde, cómo y cuándo se emite y qué recursos necesitamos.
El vigor de los especiales en tv
El avance de Internet está provocando que -cuando sucede algo imprevisto- podamos observarlo a través de la web (el rescate de los mineros chilenos que asombró al mundo entero en octubre de 2010 registró un seguimiento de audiencias millonarias). La tele, como medio de comunicación, con unos gestores profesionales, debería producir una señal distinta, estudiada, reflexionada, que conlleve no sólo la emisión del evento sino también una aportación de contenidos que por si sólo no permite la red: uso de comentaristas especializados, posiciones de cámaras preferentes, desarrollo de historias paralelas, documentación previsa o repaso a acontecimientos relacionados con el especial, por poner sólo algunos ejemplos.
Pero volvamos al principio: Es preferible ser los mejores en el día a día o ser “increíbles” en jornadas especiales. Tener una gran audiencia no significa ser los mejores, simplemente es tener un buen producto (Champions, por ejemplo), aunque es la primera fórmula como cualquier otra para reconocer nuestro nivel de competividad en un mercado tan fragmentado como el de la televisión en España. Otra fórmula para conocer nuestra reputación son los premios a una trayectoria de programas y/o profesionales. Y una tercera, esta sí muy ligada con los especiales, es la imagen que generamos -gracias a ellos- en los oyentes y telespectadores.